Autolesiones en adolescentes
La adolescencia es el período de la vida que se desarrolla entre la niñez y la edad adulta. La Organización Mundial de la Salud considera que transcurre entre los 10 y los 19 años y que “es una fase crucial para el desarrollo de hábitos sociales y emocionales importantes para el bienestar mental” (OMS, 2021), como por ejemplo aprender a gestionar las emociones.
Los conflictos para controlar, expresar o comprender las emociones pueden llevar a los jóvenes a autolesionarse, una conducta cuya prevalencia es mayor, precisamente en la adolescencia, con énfasis entre los 11 y los 15 años.
Las autolesiones se refieren al daño deliberado y autoinfligido que una persona le produce a su propio cuerpo. El propósito de las autolesiones no es “llamar la atención”, sino solicitar ayuda.
También se conoce como autoagresión, automutilación, síndrome de cutting o autoabuso, sin embargo, el término autolesión no suicida (ANS) es el más utilizado en la actualidad, desde su inclusión, en el 2013, en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5).
La autolesión no suicida (ANS) es una conducta compleja y multifactorial, en la que el individuo no tiene como objeto provocarse la muerte, sino que suele ser una estrategia de regulación emocional patológica, es decir, una forma dañina de enfrentar los sentimientos y comunicar un malestar o una petición de apoyo.
Existen dos aspectos esenciales que explican el incremento progresivo en los últimos años de la prevalencia de autolesiones en adolescentes:
• El impacto del confinamiento y las restricciones de la pandemia por COVID-19 en los jóvenes, en una etapa de vida en la que el contacto social es esencial.
• El papel de las redes sociales en la normalización e incluso, reforzamiento del comportamiento autolesivo, a través de la divulgación de juegos virtuales que estimulan estas prácticas mediante «retos online» para adolescentes que se viralizan y pueden tener un efecto de contagio en jóvenes vulnerables.
Recomendaciones a cuidadores y padres:
1. Promover un diálogo abierto en el que la escucha sea activa, sin juicios ni reproches.
2. Reconocer y comprender lo difícil que puede ser hablar sobre la conducta autolesiva. Es importante obviar los detalles y recurrir al diálogo.
3. Demostrar disponibilidad emocional, seguridad y apoyo incondicional para que el joven sepa que cuenta con la familia.
4. Evitar las amenazas y los ultimátum, pues no son efectivos, y pueden provocar aislamiento y comportamientos más desadaptativos.
5. Es importante buscar ayuda profesional para que entienda por qué se autolesiona y guiarle en el manejo de las emociones.
6. Mostrar una conducta positiva, transmitiendo al adolescente la capacidad para enfrentar el problema, con el apoyo de su familia y la ayuda profesional.
PUBLICADO EN LA REVISTA SALUD MÉDICA EDICIÓN # 21
Dra. Karla Patricia Serrano
Psiquiatra
Mente Sana, Colonia Monte Carlo, 22 ave, B, 6-7 calle B, Casa 17, N.O.
San Pedro Sula, Honduras.
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